sábado, 30 de marzo de 2013


“No somos personas frías por falta de sentimientos sino por abundancia de decepciones”

¿Qué tan cierto es eso?

Por experiencia sé que esto encierra una gran verdad.

Lo que he pasado no es lo más agradable. Pero he seguido adelante.

Ahora con 18 años, soy un poco más feliz, pero sin esperar nada de la gente; desconfió, no me gustaría que me rompieran más de lo que ya estoy.

Recuerdo que cuando salí de la casa de Miranda, a los 15 años soñaba con ser un pez, porque dicen que los peces no tienen memoria, y si no te acuerdas de nada, puedes levantarte cada día como si fuera la primera vez, la primera canción, el primer beso, la primera película.

Así no recordaría mi pasado y no tendría pesadillas todas las noches, ni sería tan agresiva con algunas personas.

Aunque hay algo bueno en todo esto es que con mi forma de ser alejo a quienes no merecen mi atención. Como dicen “Lo bueno de decir las cosas en la cara es que disminuyen las sonrisas fingidas y los saludos hipócritas”

Pasear es mi pasatiempo más agradable; cuando tengo tiempo libre lo hago constantemente, más en la noche, ya que Dana estuviera dormida. Por la casa en donde vivimos hay un deshabitado edificio de las décadas de los 40. Por fuera es hermoso, pero por dentro es un poco… como decirlo.

Espeluznante.

Y aunque me gusta pasear por ahí de noche, con una caja de música, que hace sonar su melodía por cada oscura habitación. Un miedo me llena. Siempre que camino por sus largos pasillos un escalofrió frio recorre mi espalda hasta mi nuca.

Seré una loca, por hacerlo y recomendarles que nunca en su vida lo hagan… a solo que vayan acompañados, pero esto es como una adicción medio rara.

Uno no sabe qué se va a encontrar en este tipo de lugares.

Pueden ser escombros.

Sillas rotas.

Un vagabundo perdido.
O tal vez, tal vez, un pequeño anillo, con una incrustación de mármol con la forma de los típicos perfiles que se ponen en los camafeos. Un anillo muy raro, pero que conservo porque es único y hermoso.

…

Mi salida del trabajo es a eso de las 5 de la tarde, para eso mi hermana ya está en la casa. La mayor parte del tiempo se la pasa ayudando (o más bien molestando) a la señora Tisdale, que en su gran bondad me ayuda a mantenerla ocupada.

Hoy llegue de muy buen humor, me dieron una gran propina que me alcanzaría para completar un ahorro que tengo para comprarle un vestido a Dana, hace mucho que quiere uno.

Entre a la tienda y las encontré atendiendo a un cliente, tome lugar detrás del mostrador.

-Que le vaya bien.-dijeron las dos al mismo tiempo. Aunque antes de que me diera cuenta Dana ya estaba corriendo hacia mí. No sé de dónde saca tanta fuerza para estamparse así contra mí. Solo se escuchó un sonido hueco. Fue muy doloroso. Pero su tierno abrazo quito todo enojo en mí.
-Danita-dije con el poco aire que me quedaba- Te he dicho que no hagas eso.
-Pero estoy feliz de verte.
-Lo dejare pasar por esta vez- alzo su cara y me miro con una sonrisa de burla- ¿Qué?
-Siempre dices lo mismo.
-Es que tengo memoria de pez.
-Con que memoria de pez-dijo la señora Tisdale.
-¿Cómo está? ¿Cómo se portó este monstruo - le revolví el cabello, todavía no me soltaba. La quiero mucho y se me hace muy triste que pase tanto tiempo sola.
-Bien, igual que siempre. La has criado bien es una niña muy linda- sonreí, solo quería que no tuviera tristezas como yo.
-Si mi mama es muy buena- intervino Dana. Muchas veces le había dicho que yo soy su hermana, pero ella siempre me ha tratado como si fuera su madre. No me incomoda, pero nuestra relación va más de ser solo hermanas, o amigas o incluso madre e hija. Es difícil de explicar.
-Por cierto señora Tisdale, dijo que me diría algo hoy.
-Ah sí, mi hijo va a venir.- en mi mente esto fue una forma linda de decir que tenía que irme. El cuarto en el que estábamos era de su hijo.
-Oh… entonces- sin palabras, una pared de confianza se estaba derrumbando.
-Sí, me pone muy feliz, hace mucho que no lo veo, se fue con su padre, teníamos contacto por cartas, ya que yo no sé nada de eso de los e-mails. Así que espero que se lleven bien.
-¿Perdón?
-Sí, son de la misma edad, y le haría bien conocer a alguien de aquí.
-Perdón, sigo sin entender. ¿Su hijo que no es más grande? El que hizo el cuarto.- la cara de confusión que yo tenía pasó al rostro de la señora Tisdale.
-Oh- gesto de entendimiento- no, este es mi otro hijo, es de tu edad como te había dicho. No, no… el otro es un peludo que ya tiene familia.
-Ah- risa brutalmente intensa internamente al escucharle decir que su hijo era un peludo- eso lo explica.- Dana me estaba jalando la manga de mi suéter.- ¿Qué pasa?- su mirada era de  tengo hambre y mi tigre va a rugir- ok, Señora Tisdale, gracias ahora vamos a hacer algo. Mañana le pago la renta.
-Hay mi niña, no te preocupes por eso. Ya vayan a hacer lo que tienen que hacer, ya casi cierro.
-Si gusta le ayudo.
-No, tu tienes que descansar. Anda, yo puedo sola.
-Gracias, si me disculpa.

Salimos por la puerta de atrás; saque las llaves de mi bolso y abrí la puerta. El pequeño cuarto había cambiado un poco, con flores por casi todos los estantes y encima de la mesa. A Dana le gustan mucho, y debo decir que le dan más alegría a la casa.

-¿Qué quieres comer?- pregunte mientras me ponía un delantal, Dana me obligaba a usarlos.
-Pollo y papas.

Cocine lo más rápido que pude, me encanta cocinar, es una de las formas más nítidas de demostrar tu amor.

Lo único incomodo los próximos días, sin lugar a dudas seria ese chico que llegaría. No es de mi agrado el conocer a nuevas personas, menos hombres.

…

Ya que se durmió Dana fui a hacer mi loco recorrido por aquel edificio. Pero algo hoy fue diferente, sentía una mirada detrás de mí desde que salí de la casa, pero no le tome mucha importancia, hasta que dentro de aquel tétrico edificio, detrás de mí se escuchaban otros pasos. Primero pensé que era el vago de la última vez que no es bueno hablando y tenía hambre, pero al igual que era su habla era su caminar, y los pasos que escuchaba era muy firmes.

“Sagaz es el que ve la calamidad y se aleja” haciendo caso a esto salí de hay rápido, sin mirar atrás. Un pánico me invadió, que tal que era un loco, un violador o un asesino. No podía pasarme nada en estos momentos, aunque nadie está listo para ser ultrajado y violado, si sufría algo así de nuevo, quedaría mal de por vida y no me puedo permitir eso.

Al por fin ver la puerta de salida vi la sombra de un hombre interponiéndose en esta. Un grito ahogado salido de mi garganta, pero mi cuerpo quedo estático.

viernes, 29 de marzo de 2013


Cuando la persona que usted más ama es la que más  rechaza su amor.
Cuando uno es traicionado por la persona más cercana, el auto-desprecio comienza. Escondiéndose en su espacio propio y derramando el paso a su corazón.

La vida de Lucy se estaba guiando en esto; sin darse cuenta, empezó a alejarse de las personas, por el simple hecho del auto-desprecio que se siente. Por no volver a sentir el desprecio de alguien en quien confié.

 Para no volver a ser utilizada.

 Para no ser dañada más de lo que ya está.

Solo que en las historias de las películas siempre pasa que la muchacha que es  antisocial es la que llama la atención de varios chicos guapos. Pero realmente eso no pasa.

Pero la realidad es que a Lucy le gustaría tener a alguien que se interese por ella. Que de verdad la vea. Que sea guapo. Pero los cuentos de hadas solo hacen que las chicas tengan esperanzas en algo que verdaderamente no pasa.

Existen quienes su cuento si se cumple, pero están tan ocupados en otras cosas que ese amor que por fin se encontró, es destruido por la cotidianidad de sus vidas.

Si le preguntas a alguien “¿Qué harás una vez que ya te hayas casado con quien amas?” Esta persona contestara entusiasmada “Trabajare duro para que no le falte nada”. Entonces ¿cuánto tiempo pasara con su amor? Si trabaja 8 horas al día, 8 para dormir, 2 horas diarias de trasportarse de casa a trabajo y viceversa; menos las 2 horas que se pasa arreglando en la mañana para irse a trabajar y desayunando. Al final, solo pasara 4 horas con su amor.

¿No es un poco materialista esto? ¿Que no las personas se casan para estar juntos? ¿Qué tanto puede necesitar alguien para que se acabe su vida trabajando para que no le falte nada a su amor?

Es cierto, uno ocupa trabajar para las cosas básicas, pero cuando uno está con quien quiere, lo hace por esa persona.

Lucy no quiere que su vida termine como muchas personas que en su vida de trabajador, se amargaron por que su amor fue siendo olvidado y sustituido por banalidades. El amor deja de importar; solo importa el que el dinero ya no alcanza para comprar un vestido.

Por eso, prefiere la vida de campo, es sencilla y más cálida que la vida de ciudad. Su sueño es tener una cabaña cerca de un rio. En el campo no existen las inquietudes de la vida.
El blog de notas que está pegado en su espejo tiene en cantidad de notas que muestran sus sentimientos, tantas como

“Tan mala una persona como tu ¿Por qué te llevaste mi corazón? Por ti estoy viviendo con mucha dificultad, pero tú, ni siquiera lo sabes”

“Desperté del sueño, pero aun así, un soñador no puede olvidar”

“Conocido no es AMIGO, Sexo no es AMOR, Sonreír no significa FELICIDAD”

“Tan hermosa la vida y tan pendeja la gente”

¿Qué se le puede hacer? Son razonamientos verdaderos y se los aplica ella misma. Un poco más el ultimo. Pero su razonamiento es trabajar en eso, y es una persona que se compromete. No va a avanzar si sigue estancada. Menos conseguir a alguien si se queda siempre en su casa.

La verdad es que nadie se interesa en alguien así.

Se sabe que un cambio así es muy difícil, más si eres una persona que no está acostumbrada a levantarse temprano, comer sanamente, hacer ejercicio y mucho menos ser limpia. Pero todo esfuerzo tiene su recompensa. Aunque este esfuerzo está empezando apenas.

Lo que significa que solo está haciendo planes mentales, todavía falta un largo camino por recorrer.

Muy largo.

Más aun por cosas que no esperaba descubrir tan pronto; personas que no quería encontrarse y chicos que le ayudaran; y tal vez, tal vez, un amor.

miércoles, 27 de marzo de 2013


Faltaban pocos minutos para por fin poder salir de la universidad, Lucy Felton miraba con desesperación aquel reloj colgado en la pared al lado de la puerta, suplicando que las manecillas avanzaran más rápido. Algo que no pasaría, pues el tiempo no funciona de esa manera.

En su mundo, a lo lejos escuchaba la voz de alguien llamándola, sin darse cuenta de que la maestra le hablaba, hasta que un golpe en su brazo la hizo reaccionar.

-Señorita Felton, ¿está atenta a la clase? o si gusta puede salir-dijo un poco desafiante.
-No, lo lamento, no volverá a suceder- la mirada de la maestra fue con un mensaje implícito que decía “Eso espero”.

La verdad es que no sabía si no volvería a pasar, pero por el momento se tenía que concentrar en los pocos minutos que quedaban de clase, para notar un pizarrón completamente lleno de palabras que eran agobiantes. Para adelantar y despejar su mente, anoto palabras claves para tener toda la información que ahí se encontraba, con un gran éxito antes de que sonara el timbre de salida, que fue uno de los sonidos más esperados en su día.

Con una gran felicidad y salió rápido del salón y del edificio, trotando un poco al árbol que había sido testigo de su pequeña y placentera siesta. Miro el suelo y noto muchas hojas tiradas, de las cuales sobresalía una en perfectas condiciones que la invitaba a tomarla y guardarla entre un libro para a cierto tiempo ser un lindo recuerdo.

Poniéndose en cuclillas, la tomo, girándola por el rabillo, haciendo que desprendiera un poco de aire y un olor peculiar del árbol en combinación de tierra mojada. Sin lugar a dudas del olor preferido de ella, “la tierra mojada”, haciendo que sacara una sonrisa cada vez que olía esto.

Sin darse cuenta del tiempo que había pasado, su cuerpo le aviso que había pasado mucho sin probar bocado, así que un sonido proveniente de su estómago hizo su aparición, haciendo que un rubor naciera en sus pómulos y la hicieran mirar a todo lugar para estar segura de que nadie escucho eso. Su memoria le decía que una manzana todavía permanecía en su mochila, lo cual era cierto pero una manzana no la iba a satisfacer, así que hoy sería un buen día para pasar a un restaurante y luego con el señor Lee para comer un delicioso postre. Saco su celular para marcar al señor Lee, sin darse cuenta de que una manada de chicos se acercaba detrás de ella.

El teléfono sonó dos veces y contesto.

-Ahoy-dijo ella.
-Hola-se escuchó una risa- Lucy ¿Cómo estás?
-Bien-sonrió- si sabe por qué le hablo ¿cierto?
-Déjame ver, si no es por qué quieres huir de casa conmigo, me imagino que es por qué vas a hacer un pedido especial.
-Siempre sabe lo que pienso- sonrió ampliamente, sin notar a los chicos que estaban a su espalda escuchando todo.- pasare por ahí como en una hora, espero encontrarlo con algo especial- a oídos de otros esto no se escuchaba bien.
-Bien, te sorprenderá lo que te daré.-una risa contagiosa salió por su boca.
-Me sorprende que me siga sorprendiendo, pero hacia mucho que no pasaba por ahí, ya me hace falta verlo y un postre no hace mal a nadie- en definitiva no se escuchaba bien, menos con las mentes imaginativas de los jóvenes de ahora.
-Está bien, aquí te espero.
-Si nos vemos dentro de una hora.- colgó su teléfono y lo guardo en su sudadera, mordió la manzana y empezó a correr a la salida de la universidad con una sonrisa que parecía desbordarse de su rostro. Por su parte los 4 chicos que se quedaron petrificados en donde estaban sin dar pasó alguno.

-Nunca había escuchado una conversación así- dijo Harry.
-¿Qué no era Lucy?- intervino Dann sin prestar atención al comentario de Harry.
-Si- dijo por lo bajo John mirando a Dann con cara de espanto y confusión.- ¿Crees que su familia lo sepa?
-Lo dudo, mi hermano ya hubiera hecho algo.
-Tenemos que ver que pasa aquí, no podemos dejar que haga alguna tontería.

Antes de poder comprender la conversación los tres chicos ajenos al conocimiento de esa extraña chica, Dann y John  ya estaban corriendo en dirección a la salida de la escuela. Sin nada más que hacer, los tres chicos restantes los siguieron.

…

Lucy pasó a un restaurante cercano a la pastelería para comer algo, un poco de pizza, que fue lo mas rapido que pudo pensar para comer. Tranquila y ajena a los 4 jóvenes que estaban en la acera de enfrente esperando a que saliera para impedir que hiciera una tontería a su edad.

Los jóvenes no ven con claridad.

Al terminar de comer un gran plato con Pizza, salió a la panadería con su sonrisa aun tatuada en su rostro.

-¿Qué pasa con ella?-pregunto Ryan- ¿Es algo de ustedes?
-Es mas bien una conocida- contesto Dann- A solo que para alguien ya sea amiga- miro a John.
-¿De que hablas?-se confundió el que era observado.
-Nada- “a veces pareces mujer” pensó John.
-Entro a esa panadería- les aviso Harry.
-Vamos- ordeno Dann.

Al entrar se encontraron con Lucy en el mostrador, cuando sonó la campana que estaba en la puerta ella los miro y su sonrisa se desvaneció “Parece que de verdad no sería un buen día”

-Hola- dijo ella.
-Hola- dijeron todos al mismo tiempo.
-Lucy- se escuchó a un hombre en la parte de atrás de la tienda, la chica se giró y en eso salió el señor, ni tan señor, era un joven de unos 26, muy bien parecido- llegaste-sonrieron y con mucha confianza Lucy pasó detrás del mostrador y se abrazaron.
-Sí, le dije que llegaría en una hora, solo que pase a comer antes de venir.
-Que bien- El señor (o joven) Flint miro a sus 4 comensales, que dos de ellos no tenían la mejor cara- Perdón, pasen por favor y vean si algo les gusta. – Estos solo asintieron y caminaron por la panadería.

-¿Y por qué venimos aquí?- le pregunto Ryan a John.
-Ya te dijimos, es una conocida, no sabemos qué va a hacer, tú escuchaste la conversación.
-Pero- miro por encima de su hombro- solo están hablando.

-¿y? –Dijo impaciente- ¿Qué me ha preparado?
-Lo que más te gusta, pero antes, ¿no crees que ya es tiempo para que me hables de tu?
-No sé, deme tiempo para prepararme mentalmente.
-Está bien, no insistiré por ahora- se agacho- aquí tienes- le dio una caja mediana.
-Gracias ¿Cuánto va a ser?
-2 €
-Muy bien- saco su cartera- aquí tiene, muchísimas gracias.
-Gracias a ti por venir hoy. Para la próxima no tardes tanto.
-Procurare no hacerlo. Adiós.- se encamino a la puerta.
-¿ya te vas? – pregunto Dann.
-Ah, hola… si, ya me voy.
-¿A qué viniste?- su pregunta debería ser una pregunta, pero sonó mas como una orden.
-Vine por un postre- dijo como si la respuesta fuera lógica.
-¿Nada más?-se sorprendió.
-Sí, ¿Por qué más vendría a una panadería?- “¡Idiota!” pensó Dann.
-No por nada, mi hermano dijo que no tarden en ir a la casa.
-Oh, bueno, le preguntare a mi hermana a ver cuándo vamos- hizo un gesto gracioso, que hizo que Dann sonriera- Adiós.
-¿eh?... oh si, adiós.- le dedico una sonrisa, ella igual, pero miro por detrás de Dann y movió su mano, Dann siguió su mirada y se encontró con John que se despedía. Esto era raro.

Salió de la panadería y los 4 chicos se juntaron.

-Creo que lo malinterpretamos- dijo Harry.
-Muy malinterpretado- le dio la razón Ryan.
-El postre era postre- rio Harry.
-Ahora sé por qué se forman los chismes- John sonrió.
-Creo… creo que ya no somos tan castos de pensamiento- hubo silencio por unos segundos.
-No, en definitiva, ya no lo somos- resolvió Ryan.
-Ya que estamos aquí compremos algo.- dijo Harry.

En las a fueras de la tienda, la misma persona que había visto a Lucy y a John observaba de lejos. Con mucho coraje creciendo dentro de él.



-->Capitulo 5<--

lunes, 25 de marzo de 2013


Iba caminando sin ninguna preocupación hacia su conocido laboratorio de Física, el cual a esta hora estaba vacío; tenía que encontrar su preciado prendedor, no podía permitirse el perderlo.

Era el regalo de su novio.

Caminaba preocupada, mirando por todos lados, por si veía el pequeño prendedor rosado. Nada más el pensar lo decepcionado que estaría “él” por saber que lo perdió, le provocaba un malestar en el estómago. Había pasado todo el día buscando aquel prendedor y el último lugar que le quedaba por buscar era el laboratorio.

Entro a gatas viendo cuidadosamente por debajo de las mesas de trabajo, cuando lo vio detrás de la pata de una silla. Se acercó rápido y al tomarlo con su mano derecha se levantó y dio un brinco de triunfo con una gran sonrisa, que fue eliminada cuando alzo la vista y puedo mirar lo que hizo que el malestar de su estómago se hiciera mil veces más incómodo y que el prendedor que tenía en su mano regresara al suelo.

…

La alarma de su celular la despertó, sabía que ese sueño la atormentaría por el resto del día. Por más que tratara de no pensar en eso, su memoria siempre se remontaba a ese momento en particular. Estaba cansada de tener que lidiar con eso, cada vez que bajaba la guardia su mente le hacia una mala jugada y se permitía tener esa clase de recuerdos prohibidos.

Tomo su cabeza entre sus manos, masajeando sus cienes tratando de eliminar estos pensamientos, algo que no logro.

Sin nada más que hacer decidió arreglarse, tomo sus cosas para entrar al baño no sin antes anotar algo en su blog de notas pegado en su espejo.

 Terminando salió al baño.

Sus sentimientos estaban confundidos. No sabía cómo lidiar con todo lo que tenía dentro, sabía que en algún momento iba a explotar. Le hubiera encantado saber la hora y día para alejarse y que no la vieran. Pero eso no va a pasar. Lo único que se dedicó a hacer fue llorar amargamente en la ducha.

Su blog de notas tenía escritas algunas frases como la que acababa de escribir:

“Aunque la traición te hiera.
Aunque el dolor queme tus ojos.
Aunque la incomprensión corte tu risa.
Empieza de nuevo.”

Maldiciéndose por haber tomado la decisión de estudiar lejos de casa, terminó de arreglarse, tenía el presentimiento de que algo pasaría, así que prefirió irse temprano a la escuela por si había tráfico o algo por el estilo. En definitiva haber tenido el sueño que tuvo, no era buena señal.

Bajo rápido las escaleras topándose con el tráfico de su familia que estaban alistándose para salir a sus diferentes destinos. Fue a la cocina de donde tomo dos manzanas y salió rápido de ahí, no sin antes ser detenida por un grito de su madre.

-¡Lucy! ¿No vas a desayunar nada?
-No, se me hace tarde-siguió caminando tomando su mochila de la entrada de la casa- ¡Adiós!-dijo para todos mientras salía de la casa, odiaba el tener que lidiar con esta platica desde que iba en la primaria. Se preguntaba cómo es que su madre todavía no entendía que en las mañanas no podía comer por que por alguna razón mística y rara, la comida le daba asco.

Sin más preámbulos, siguió  su camino a la escuela.

Por esta vez no se preocupó por aquellos chicos que acababa de conocer.

…

Al poco tiempo Lucy estaba en un estado no presente. A lo poco que ponía atención a clases era para poder saber en cual clase estaba. Sin interés a lo externo decidió mejor hacer lobillos en una clase de dos horas. De todas formas seria como no estar ahí y al no ser la primera vez que hacia esto, no se sentía culpable.

Sentada en la base de un árbol miraba como las hojas y las ramas de este se movían al compás del viento. La naturaleza siempre le fascino y los arboles siempre habían captado su atención.

Su cabeza se había cansado de tener sostenido su cabello en una coleta muy apretada, así que la deshizo sintiendo una gran libertad. Normalmente no le gusta tener el cabello suelto; si no lo tenía sujetado, tenía un gorro para taparlo. Por alguna razón rara (como ella misma) se prometió no dejar que las personas vieran su cabello, hasta que estuviera segura de poder volver  a confiar en las personas.

Tranquila comiendo una de sus manzanas, observaba y trataba de pensar, algo que no lograba, ese sueño se le venía a la cabeza y lo veía como si fuera una película. Se veía a ella misma a gatas y luego al levantarse con mucha  alegría se esfumo en una fracción de segundo para cambiar a una cara de espanto y podía observar como el prendedor caía en cámara lenta.

 No, no era un fantasma.

Era algo peor.

Cansada de estar sentada se recostó poniendo su mochila como almohada y antes de darse cuenta se quedó dormida. Algo que es realmente fácil para ella. Hasta ella misma se impresiona con la facilidad con la que puede dormirse.

Despreocupada de la vida, se quedó así por un buen rato, dejando sus preocupaciones en otro lugar, y por más raro que fuera, no soñó con lo mismo de esa mañana, estaba muy tranquila y simplemente tuvo un sueño que normalmente tenía cuando estaba relajada y sin preocupaciones.

Para lastima de ella, nunca recordaba cómo era el sueño.

Para beneficio de la narradora, sabe perfectamente cuál es el sueño, pero no es tiempo de decirlo.

…

Al despertar, con el cabello un poco desarreglado. Se dio cuenta de lo bien que descanso. No lo había hecho desde antes de llegar a su casa, después de estudiar lejos.

Estirándose como un perro, se vio en una situación un tanto incomoda. Un chico estaba al lado de ella y había observado cada movimiento que hizo desde que se durmió, pero eso no lo sabe Lucy.

-¿Dormiste bien?-pregunto mientras regresaba su vista a un libro que tenía en sus manos, pero con una sonrisa un tanto burlona.
-Ah…- mente en blanco, era de esperarse en esta situación- si-dijo por lo bajo, apenas perceptible para los oídos humanos, claro si estuviera ahí un perro pudo haberlo escuchado claramente.
-Que bien- la miro de nuevo, y busco en su mochila algo, hasta que encontró su cepillo- toma- se lo extendió- te has despeinado un poco. –la sorpresa de Lucy fue un tanto rara, una parte de ella le recriminaba que como pudo dejar que vieran su cabello, mientras que otra se preguntaba el por qué un chico trae un cepillo en su mochila.
-Gracias- tomo el cepillo y lentamente comenzó a cepillar su más o menos larga cabellera lacia, entre una y otra cepillada daba un pequeño bostezo, para el chico esto era realmente entretenido. – Y ¿Tú que haces aquí?- decía mientras se acomodaba de nuevo el cabello en una coleta.
-Tenía hora libre.
-¿Y por qué no estas con tu amigo?
-¿Dann?-ella asintió- como te dijimos, tenemos diferentes intereses, él está en danza y yo en teatro.
-¿Y eres bueno para actuar?- dijo sin mucho interés, pero dando a entender que no creía que fuera bueno. En ese momento a John se le aguaron los ojos y empezó a llorar, ella no supo que hacer- O…o…oye, no lo dije enserio- se acercó y le dio unas palmaditas cariñosas en la espalda, pero los sollozos de John eran incontrolables, se estaba tapando los ojos con sus manos pero a través de los dedos se le escurrían las lágrimas- Hey -dijo cálidamente- solo fue una pregunta, no es para que te pongas así- unos segundos después John retira las manos de sus ojos y la mira, tenía sus ojos rojos, muy rojos, pero una pequeña sonrisa de perdón surco su rostro, y un gesto de confusión surco la cara de Lucy. Hasta que un foco se prendió en su cabeza- Creo que eres muy buen actor- dijo sacando un paquete de clínex de su mochila, se lo entrego a él. Mientras él se secaba cuanto fluido le había salido Lucy sonreía, ese chico era interesante. Ella no se dio cuenta, (demasiado entretenida estaba sonriendo) pero John quedo fascinado con la sonrisa de ella, tanto que en la cara de él afloro una enorme, enorme sonrisa haciendo lucir sus dientes blancos.

Lucy lo miro, aun con su sonrisa- ¿Qué pasa?- un mechón de cabello rebelde bailo por su cara al compás del viento, pero con la ayuda de la mano de John, fue acomodado en su lugar.
-Nada-contesto con su reluciente sonrisa, ella se la devolvió.

Después de unos segundos en un cómodo silencio compartiendo sonrisas (algo realmente raro en Lucy). Por fin hablaron.

-¿Sabes la hora?-pregunto ella.
-Si-se fijó en su reloj de pulso- las 12:10 p.m.
-¿me dormí las dos horas?-susurro.
-¿Dijiste algo?
-No, solo que tengo que ir a la clase que sigue-se levantó y fue seguida en la acción por Lucy. Ella lo miro de pies a cabeza, era muy alto.- bueno, fue un gusto verte John.
-Igualmente.

Empezaron a caminar el no al lado del otro, cada dos pasos Lucy miraba a su costado para ver a John, el cual mantenía su sonrisa. La cuarta miradita que le dedico se encontró con la mirada de él y para no avergonzarse hablo.

-Y, ¿a qué parte vas?
-Al tercer piso, ocupo hablar con un profesor.
-Bueno, yo voy al primer piso, creo que nos despedimos aquí- hizo una reverencia y se fue.

Estos dos no contaban tener un espectador de sus últimos momentos juntos. Algo que hizo que en este surgiera un poco de celos.



-->Capitulo 4<--



viernes, 22 de marzo de 2013


Siempre paseaba por aquel edificio sosteniendo mi caja de música, dejando que su melodía invadiera aquel lúgubre lugar, haciendo que se viera tenebroso y a la misma vez tétrico.

Mi infancia fue marcada por momentos y situaciones que no puedo mencionar, el simple hecho de recordar un poco, me es un momento de descontrol emocional.

La  poca gente que sabe lo que pase en mi niñez, me dice que he sido demasiado fuerte. Sinceramente, trato de ser fuerte, pero llegan momentos en los que no soporto la situación y exploto. No es mi culpa haber nacido en una porquería de círculo social llamado familia; tampoco es mi haber nacido tan sensible con las situaciones en las que me vi envuelta, hicieron que por una temporada fuera una piedra, aguantaba todo por fuera, pero por dentro gritaba y pedía clemencia. Gracias a esa forma de actuar que tenía, mi padrastro se molestaba, porque no mostraba gesto alguno, ni siquiera lloraba, por eso dejo de violarme. Ya no encontraba satisfacción en violar a alguien que era como una muñeca, que no mostraba más que una cara serena.

A mis 10 años nació mi hermanita, a la cual me propuse proteger, hasta con mi cuerpo si fuera necesario. No dejaría que ese tipo asqueroso la tocara, así que en ningún momento la dejaba sola. Me  las ingenie para llevármela a la escuela, puesto que a mi señora madre, puesta por la naturaleza, no le importaba en lo más mínimo, ni le daba de comer. En ese entonces me preguntaba cómo es que sobreviví con ella, siendo una mujer con tan poco amor maternal.

Tuve que buscar trabajo para comprar las cosas que necesitaba mi hermanita, ya que no le iba a pedir nada al intento de mujer que vivía en la casa, ni mucho menos al pedófilo que era el esposo de esa mujer y padre de mi hermana, era más que seguro que si le preguntaba a él, no me saldría gratis, y no pensaba vender mi cuerpo por voluntad propia y mucho menos por pañales y leche.

Para mi fortuna, una amable señora me dio trabajo en una tienda; la paga no era mucha, pero con eso podía sufragar los gastos de mi hermanita y de mis estudios, ya fueran libros o cuadernos.

…

Cuando por fin cumplí los 15 años de edad, decidí salirme de la casa; durante 5 años había ahorrado lo suficiente para el alquiler de un departamento por 5 meses y la compra de mi hermana. Ese dinero se suponía seria para libros o cuadernos, pero me las arregle para hacerme amigos de años superiores y que me regalaran sus libros, algunas veces también pedía prestados libros a la biblioteca. Con respecto a los cuadernos, la amable señora que me dio trabajo, sabia mi situación  así que ella en su gran generosidad, me compraba mis cuadernos.

…

Estaba jugando con mi hermana en la sala poco antes de que la señora de la casa llegara. Tenía listos unos papeles que conseguí que me hiciera un abogado, donde se aclaraba que la custodia de mi hermana pasaría a mí, aunque fuera menor de edad, ya que yo era mejor influencia para la niña que su padre y madre. Firmando esto uno de los padres, quedaría fuera de su custodia. Pero yo sabía que ella no aceptaría si no ganaba algo, así que en resumen, compraría a mi hermana.

Estaba terminando de guardar las pocas cosas que teníamos en una mochila extra que tenía. Mi hermana estaba jugando cuando escuche que iba llegando la señora de la casa, me apure a salir de mi habitación (y de mi hermana), dejando la mochila que acababa de hacer a un lado del sofá que ahí había, tome los papeles que deje en la mesa de centro, para que todo fuera más rápido. Entre más rápido nos fuéramos, sería mejor.

Sentía una felicidad muy grande, porque por fin saldría de ese lugar, pero también un nerviosismo peculiar, temía que ella no quisiera firmar los papeles y me corriera de la casa por haberla ofendido.
Entro por la puerta con su aire de superioridad, como si de donde acababa de venir fuera lo mejor, y acababa de entrar a un chiquero, lo cual es mentira pues para que no me recriminara cosas sin base alguna, trataba de mantener la casa ordenada y limpia, porque la mujer tenía un olfato muy sensible, eso era demasiado molesto.

Cuando me miro parada frente a ella, me dedico una mirada de asco, no podía creer que yo fuera su hija.

-Hola-dije normal.
-¿Y tú qué quieres?- me dijo desprendiendo un asqueroso olor de cigarros y licor, era repugnante.
-Sí, me da gusto verte- dije sarcásticamente, ella solo viro los ojos quitándose los zapatos y entrando a la sala- solo quiero que firmes esto – le enseñe los papeles, ella los tomo.
-¿Qué es esto?- dijo mirándome con duda y un toque de desconfianza.
-No te preocupes, que no es nada que te afecte, de hecho, te beneficia- le dije, girándome un poco a mi pierna izquierda pues mi hermanita me la sujeto- ¿Qué paso?- dije tiernamente
-Mira mi dibujo- dijo muy tierna, enseñándome una casita que había hecho.
-Oh, está muy linda- dije poniéndome de canclillas- pero ahora deja hable con ella-señale a Miranda- ¿sí?
-Sip- dijo tiernamente, retirándose de nuevo a la mesa. En eso Miranda se había ido a la cocina, la tuve que seguir, nunca podía esperar.
-Como te decía, esos papeles te liberan de una pequeña carga.
-¿De qué hablas?-dijo enojada.
-Ese papel te libera de ser la madre de esa niña y mía- le solté sin más, me quería ir de ahí lo más rápido posible. Ella se giró con un vaso en su mano izquierda y con mirada divertida.
-¿Y quién se hará cargo de ustedes? –estaba demasiado divertida.
-Me sorprende que te preocupes por eso, pero al no ser ya nuestra madre, no creo que debas saber eso.
-¿Así que enredaste a alguien y ahora vivirás con él?- dijo burlonamente, sirviéndose agua, no le dije nada porque a la menor provocación se enojaría, al parecer, hasta ahora lo está disfrutando. Pero ¿Cómo puede pensar que soy igual que ella? El león piensa que todos son de su condición- El que calla otorga ¿cierto?- la mire con odio.
-Mis medios no son de tu incumbencia.
-Tienes razón-dijo tomando un gran sorbo de agua, creía que no me pediría dinero pero sería pedirle peras al olmo – Pero  ¿yo que gano con todo esto? Sabes, ustedes son mis hijas y me dolería bastante perderlas- su terrible actuación de dolor me dio asco.
-Sabes que te conozco bien- la mire con recelo- No te preocupes, te daré algo, pero antes, firma el papel.
-Uy, que madura- su tono era en exceso sarcástico, paso a mi lado en dirección al sofá de la sala- Si yo lo sé, supe criar bien a mi hija, igual que su madre- mi repulsión hacia ella era demasiado grande, pero se lo gano con mucho trabajo, debo darle crédito por eso.- pásame los papeles- fui a la cocina y los tome de la barra que había ahí, dándoselos en la mano; me los arrebato- Dame esa pluma- se la quitó bruscamente a Dana, lo cual la asusto, yo me acerque a ella y le di un color que tenía en el bolsillo de mi sudadera, lo cual la tranquilizo. Mientras me giraba a ver a Miranda con odio.
-¿Qué? – Dijo quitada de la pena- ¿Iba a llorar? No aguanta nada- dijo poniendo su firma en los papeles- Ten, ahora- se puso a buscar algo en su saco, hasta que saco un cigarro y un encendedor- mi recompensa por perder a mis queridas hijas- dijo con otro fallido intento de dolor mientras prendía su cigarro.

Le extendí un sobre con una buena cantidad de dinero.

-Toma- al instante y como un animal sin comer en días, me lo arrebato y lo abrió; nada más noté como le brillaban los ojos, me volví a tomar nuestras cosas (que no eran muchas), poniéndome la mochila de la ropa y guardando los documentos en la bolsa cruzada que tenía. Me acerque a mi hermanita.
-Dana, ya nos vamos- le sonreí, a ella se le ilumino el rostro, tomo los dibujos que estaba haciendo, los guardo en su mochila de ositos, se la puso y tomo mi mano. –Ya nos vamos- me dirigí a Miranda, ella por su parte seguía encantada viendo el dinero que le acababa de entregar.
-Sí, que les vaya bien- nos miró muy feliz- No regresen ¿eh?- se levantó dando saltitos al avanzar, por mi parte trate de calmarme y no decirle nada, por fin, ya no tenía que cargar con ella. Mire a Dana con una sonrisa.

-Vámonos- ella asintió con una enorme sonrisa.

No tenía por qué decirle a Miranda que había trabajado durante los últimos 5 años, ni mucho menos donde iba a vivir. Si le hubiera dicho, encontraría la manera de sacar provecho de mi trabajo o del lugar donde viviríamos por el simple hecho de joderme la vida.

La señora Tisdale, que fue quien me dio el empleo, ahora me dará hospedaje detrás de su casa, donde su hijo tenía un cuarto que construyo. Era pequeño, pero tenía todas las comodidades; una cama, una pequeña estufa, un baño y un pequeño sofá antiguo. La verdad no era muy ostentoso, pero cuando lo mire, me encanto; es sencillo y acogedor, ahí mi hermana y yo no la pasaríamos bien.


-->Capitulo 2<--