“No somos personas frías por
falta de sentimientos sino por abundancia de decepciones”
¿Qué tan cierto es eso?
Por experiencia sé que esto encierra una gran verdad.
Lo que he pasado no es lo más agradable. Pero he seguido adelante.
Ahora con 18 años, soy un poco más feliz, pero sin esperar nada de la
gente; desconfió, no me gustaría que me rompieran más de lo que ya estoy.
Recuerdo que cuando salí de la casa de Miranda, a los 15 años soñaba
con ser un pez, porque dicen que los peces no tienen memoria, y si no te
acuerdas de nada, puedes levantarte cada día como si fuera la primera vez, la
primera canción, el primer beso, la primera película.
Así no recordaría mi pasado y no tendría pesadillas todas las noches,
ni sería tan agresiva con algunas personas.
Aunque hay algo bueno en todo esto es que con mi forma de ser alejo a
quienes no merecen mi atención. Como dicen “Lo
bueno de decir las cosas en la cara es que disminuyen las sonrisas fingidas y
los saludos hipócritas”
Pasear es mi pasatiempo más agradable; cuando tengo tiempo libre lo
hago constantemente, más en la noche, ya que Dana estuviera dormida. Por la
casa en donde vivimos hay un deshabitado edificio de las décadas de los 40. Por
fuera es hermoso, pero por dentro es un poco… como decirlo.
Espeluznante.
Y aunque me
gusta pasear por ahí de noche, con una caja de música, que hace sonar su melodía
por cada oscura habitación. Un miedo me llena. Siempre que camino por sus
largos pasillos un escalofrió frio recorre mi espalda hasta mi nuca.
Seré una
loca, por hacerlo y recomendarles que nunca en su vida lo hagan… a solo que
vayan acompañados, pero esto es como una adicción medio rara.
Uno no sabe qué
se va a encontrar en este tipo de lugares.
Pueden ser
escombros.
Sillas rotas.
Un vagabundo
perdido.
O tal vez,
tal vez, un pequeño anillo, con una incrustación de mármol con la forma de los típicos
perfiles que se ponen en los camafeos. Un anillo muy raro, pero que conservo porque
es único y hermoso.
…
Mi salida
del trabajo es a eso de las 5 de la tarde, para eso mi hermana ya está en la
casa. La mayor parte del tiempo se la pasa ayudando (o más bien molestando) a
la señora Tisdale, que en su gran bondad me ayuda a mantenerla ocupada.
Hoy llegue
de muy buen humor, me dieron una gran propina que me alcanzaría para completar
un ahorro que tengo para comprarle un vestido a Dana, hace mucho que quiere uno.
Entre a la
tienda y las encontré atendiendo a un cliente, tome lugar detrás del mostrador.
-Que le vaya
bien.-dijeron las dos al mismo tiempo. Aunque antes de que me diera cuenta Dana
ya estaba corriendo hacia mí. No sé de dónde saca tanta fuerza para estamparse así
contra mí. Solo se escuchó un sonido hueco. Fue muy doloroso. Pero su tierno
abrazo quito todo enojo en mí.
-Danita-dije
con el poco aire que me quedaba- Te he dicho que no hagas eso.
-Pero estoy
feliz de verte.
-Lo dejare
pasar por esta vez- alzo su cara y me miro con una sonrisa de burla- ¿Qué?
-Siempre
dices lo mismo.
-Es que
tengo memoria de pez.
-Con que
memoria de pez-dijo la señora Tisdale.
-¿Cómo está?
¿Cómo se portó este monstruo - le revolví el cabello, todavía no me soltaba. La
quiero mucho y se me hace muy triste que pase tanto tiempo sola.
-Bien, igual
que siempre. La has criado bien es una niña muy linda- sonreí, solo quería que
no tuviera tristezas como yo.
-Si mi mama
es muy buena- intervino Dana. Muchas veces le había dicho que yo soy su
hermana, pero ella siempre me ha tratado como si fuera su madre. No me
incomoda, pero nuestra relación va más de ser solo hermanas, o amigas o incluso
madre e hija. Es difícil de explicar.
-Por cierto
señora Tisdale, dijo que me diría algo hoy.
-Ah sí, mi
hijo va a venir.- en mi mente esto fue una forma linda de decir que tenía que
irme. El cuarto en el que estábamos era de su hijo.
-Oh…
entonces- sin palabras, una pared de confianza se estaba derrumbando.
-Sí, me pone
muy feliz, hace mucho que no lo veo, se fue con su padre, teníamos contacto por
cartas, ya que yo no sé nada de eso de los e-mails. Así que espero que se
lleven bien.
-¿Perdón?
-Sí, son de
la misma edad, y le haría bien conocer a alguien de aquí.
-Perdón,
sigo sin entender. ¿Su hijo que no es más grande? El que hizo el cuarto.- la
cara de confusión que yo tenía pasó al rostro de la señora Tisdale.
-Oh- gesto
de entendimiento- no, este es mi otro hijo, es de tu edad como te había dicho.
No, no… el otro es un peludo que ya tiene familia.
-Ah- risa
brutalmente intensa internamente al escucharle decir que su hijo era un peludo-
eso lo explica.- Dana me estaba jalando la manga de mi suéter.- ¿Qué pasa?- su
mirada era de tengo hambre y mi tigre va
a rugir- ok, Señora Tisdale, gracias ahora vamos a hacer algo. Mañana le pago
la renta.
-Hay mi
niña, no te preocupes por eso. Ya vayan a hacer lo que tienen que hacer, ya
casi cierro.
-Si gusta le
ayudo.
-No, tu
tienes que descansar. Anda, yo puedo sola.
-Gracias, si
me disculpa.
Salimos por
la puerta de atrás; saque las llaves de mi bolso y abrí la puerta. El pequeño cuarto
había cambiado un poco, con flores por casi todos los estantes y encima de la
mesa. A Dana le gustan mucho, y debo decir que le dan más alegría a la casa.
-¿Qué quieres
comer?- pregunte mientras me ponía un delantal, Dana me obligaba a usarlos.
-Pollo y
papas.
Cocine lo más
rápido que pude, me encanta cocinar, es una de las formas más nítidas de
demostrar tu amor.
Lo único incomodo
los próximos días, sin lugar a dudas seria ese chico que llegaría. No es de mi
agrado el conocer a nuevas personas, menos hombres.
…
Ya que se durmió
Dana fui a hacer mi loco recorrido por aquel edificio. Pero algo hoy fue
diferente, sentía una mirada detrás de mí desde que salí de la casa, pero no le
tome mucha importancia, hasta que dentro de aquel tétrico edificio, detrás de mí
se escuchaban otros pasos. Primero pensé que era el vago de la última vez que
no es bueno hablando y tenía hambre, pero al igual que era su habla era su
caminar, y los pasos que escuchaba era muy firmes.
“Sagaz es el que ve la calamidad y se aleja”
haciendo caso a esto salí de hay rápido, sin mirar atrás. Un pánico me invadió,
que tal que era un loco, un violador o un asesino. No podía pasarme nada en
estos momentos, aunque nadie está listo para ser ultrajado y violado, si sufría
algo así de nuevo, quedaría mal de por vida y no me puedo permitir eso.
Al por fin
ver la puerta de salida vi la sombra de un hombre interponiéndose en esta. Un grito
ahogado salido de mi garganta, pero mi cuerpo quedo estático.